La ciudad de Aix-en-Provence se extiende en forma de estrella alrededor de su magnífica catedral de Saint-Sauveur, desplegando a través de sus plazas y bellas mansiones los inefables encantos de una capital barroca. Ciudad refinada por la cuidada arquitectura de sus hoteles particulares y su ordenado urbanismo, ciudad de agua por el centenar de fuentes que la adornan, ciudad de callejeo estudiantil, Aix-en-Provence es también una ciudad de arte, tierra elegida por numerosos artistas.